El futuro de Europa

Publicado el 23. Sep, 2011 por Yata Sabio en Actualidad, General, Política

La crisis económica que explotó en el año 2007 y se agravó con la quiebra en 2008 de la aseguradora Lehman Brothers ha dejado varias víctimas directas en Europa, sobre todo Irlanda, Portugal Y Grecia, rescatadas del abismo financiero, pero también ha marcado el inicio de otra gran crisis: la de la Unión Europea de la integración y el mercado común. La escasa capacidad de reacción mostrada ante los rigores ecónomicos y la dificultad para encontrar posturas comunes ha puesto en jaque el modelo comunitario.

El fracaso ante la crisis

Ya no se trata solamente de que Alemania y Francia hayan marcado el camino a seguir y casi todo el calendario de recortes, como si en la UE hubiera un liderazgo efectivo, sino más bien por la unilateralidad de esas decisiones, casi imposiciones. La imagen que se ha dado durante la crisis, responsable del traslado de la Comunidad Europea hacia el dilema del fracaso, ha sido pésima, comparable a la de un tren con demasiados vagones de cola que no consigue alcanzar un ritmo natural. Muchas de las medidas tomadas han estado dirigidas a salvaguardar la Comunidad económica, pero no a las sociedades de los países implicados.

Gobernanza económica

Esto ha puesto de manifiesto la crisis de gobernanza que sufre la UE. Según la visión general, Europa ha actuado bien en dos frentes, la vigilancia al sector financiero y un fondo económico para rescates, pero se ha quedado corto trazando puentes de unión entre las economías que la participan. Lo pertinente, ante las constantes turbulencias generadas por los mercados, sería coordinar los límites presupuestarios y poner techos en el gasto y la deuda, así como la elaboración de un mapa fiscal unificado.

¿Una Europa a dos velocidades?

No obstante, la respuesta de los que mandan, tanto Alemania como Francia, dista mucho de recorrer esta senda, ya que ello lastraría sus propias posibilidades y encarecería la crisis. Ante la realidad, se ha lanzado la idea de una Europa a dos velocidades, aunque el concepto no ha sido bien acogido. Nadie quiere quedarse en el vagón de cola.

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